miércoles, septiembre 28, 2011

Fotos robadas.




Recibí una carta con estas y otras fotos de cuando Ricardo y Ana estuvieron acá. No pude dejar de subir esto, siento bien bonito cuando las veo. No hay truco ni es ninguno de esos programas en boga. Son fotos análogas luego digitalizadas pero sin manipulación extra. Soy muy fan de la cara de Ana, es una de mis formas ideales de cara. Ricardo, soy una ladrona, perdón :P Y la vista desde el balcón, ¡maravillosa! Hasta Xana y Tere salen en este post aunque sea de espaldas. En la tercera foto tengo una actitud tan de mi nana que me parto de risa. Y el verano, ¿ven por qué siento nostalgia ahora que se ha acabado?

Que bueno que vas a ir a París, una Polaroid suena a muy buen festejo. ¿cuanto tiempo van a estar por allá? Supongo que desde ya te vas poner a buscar casa. Está muy lindo, busca una panadería del "sur de Túnez" así de específico es el toldo por Notre Dame, esta muy rico el pan. y si puedes entrar a un club de jazz llamado algo así como Duc des Lombards y pedir un bloody mary, juro que no te vas a arrepentir.

Adoro los días que recibo cartas como éstas. Todo es mejor, me paso el día pensando en ellas. A veces tardo en responder pero las leo que se gastan de tanto verlas, ah. Vivo para saber cosas tipo:

Ay mi amigo tiene un gatito y es tan monooooooooooooo :) lo tengo aquí a mi lado.


Te adoro!
muac

Esa es de la de Logroño. Muero por que sea noviembre, muero mucho.

viernes, septiembre 23, 2011

Y adiós, muy buenas.



Si pienso en la cantidad de correos que he escrito para conseguir entre mis amigos -aunque quizá sea hora de tirar de términos menos afectivos como: contactos, conocidos, ex-compañeros de, etc.- donde quedarme los días que pienso vacacionar en La Paz y el D.F., me queda la duda de si allá dónde voy es un lugar donde he estado y vivido o, sin darme cuenta, solo hice turismo a lo japonés para tener fotografías donde volcar mis suspiros al llegar el siguiente destino. He experimentado con cartas de todo tipo, lo que al principio eran saludos y preguntas directas derivaron en textos donde pongo a prueba mi capacidad de convencimiento sin resultados exitosos hasta el momento.

Pedir directamente a alguien que me hospede en su casa es algo que he hecho dos veces -diría tres para no mentir si tomamos en cuenta que tengo una pésima memoria- y en una de esas solo intentaba confirmar con mi amigo el ofrecimiento que insistentemente había hecho meses atrás de su casa para que me quedara con él. Propuesta que retiró tengo mil teorías de por qué y es algo que ya había considerado. En realidad la mayoría de las veces solo pregunto si saben de alguien que alquile algo por días o semanas u otras cosas por el estilo. Mi padre me advierte que la casa está peor que un campamento, que es muy incómoda y lo tome en cuenta, algo que le agradezco de verdad aunque a la vez me preocupa. También dice que ha pensado investigarme sobre un lugar muy cerca del malecón donde se hospedó una amiga -de Mendoza (Argentina)-, con quien se lio hace tiempo. Se llamaba Nora, no llegué a conocerla en vivo pero me caía muy bien.

Pronto cumpliré cuatro años fuera de México. Sé de pocas personas a quienes les ha costado tanto conseguir dónde llegar a la vuelta, y creo que las conozco de libros. Desde el principio he querido pasar esos días en un hotel, ojalá pudiera vivir en uno. No me molesta no tener respuesta. No es eso, es que eso me hace pensar en otras cosas. En que ya no tengo tantas ganas de volver, por ejemplo; y en que tanto sigue igual, casi todo. Yo, la primera. Intento recordar por qué estaba tan emocionada. Sé que algo de esto me lo he buscado. Por preferir dedicar mi tiempo libre a actualizar este pobre blog y el otro y el otro, no tener twitter, abandonar mi facebook, nunca colgar nada en el tumblr, no tener un flickr, romper récord como invisible en adium (o msn), ver videos de gatitos en internet, ir a clases de body pump o gap en vez de confeccionar cartas entrañables a mis compis.

Sandino había dicho algo de hacerme una casa para no extrañar la mía, o algo así. También preguntó si parecer personaje de un manga en algunas de mis fotografías era uno de mis propósitos y dijo que prefería recordarme llevando siempre el suéter gastado de la Penélope. No extraño mi casa, ni recuerdo ese suéter del que habla. A veces, por instantes brevísimos tengo nostalgia de Madrid, hay que controlarla porque aún es pronto. Tengo miedo. Cuando me pongo pesimista pienso que hubiera sido si esto o lo otro y creo que he hecho todo mal. Quería largarme y mi deseo no iba a aguantar la espera por ninguna beca o trabajo, el término de ningún compromiso escolar, una despedida familiar eterna ni acuerdos internacionales que me permitieran una estancia legal superior a tres meses. Y no quería viajar por el mundo, a mí no me gusta viajar por el mundo; soy aburrida, todo lo que quería era vivir en otro lado. Quería largarme y eso hice. Toc, toc. Cuatro años después. Es más fácil que consiga donde llegar en Lisboa, París o Berlín que en cualquier punto del continente americano.

Datos personales

Mi foto
La Paz, Madriz, BCS, Mexico
Largometraje sin fin estelarizado por Alejandra Barrera en el papel de: Alejandra Barrera. Me gusta el vino rancio, el vermú y el colacao, y jamás rechazo un gintonic. Agarraos al asiento que esto viene fuerte.

Followers